Carlos Peña un gramsciano
Peña es marxista, aunque haya sido alumno de Jaime Guzmán
¿Qué es ser un gramsciano?
Ser un gramsciano significa seguir las ideas de Antonio Gramsci, un pensador italiano que influyó mucho en la teoría marxista. En esencia, un gramsciano se enfoca en:
- La lucha cultural y educativa como forma de ganar influencia y poder.
- La importancia de la hegemonía cultural, es decir, cómo las ideas y valores dominantes moldean la sociedad.
- La necesidad de construir un consenso y una narrativa que apoye los cambios sociales.
- La acción política a través de la sociedad civil, más que solo a través del Estado.
Gramsci creía que para lograr un cambio social profundo, hay que cambiar la forma en que la gente piensa y entiende el mundo.
Y este enfoque es relevante cuando conocemos que Peña para los desafíos políticos y sociales actuales se presenta solamente como un abstracto pensador.
El historiador Alfredo Jocelyn-Holt, quien lo conoció en 1979, señala que “en esos años Peña era marxista y parece bastante extraño que no haya militado. Este hecho se contradice totalmente con posturas intelectuales posteriores”. Entre 1977 y 1981, asegura la publicación, uno de sus mejores amigos en la PUC “era un militante clandestino que pertenecía a una de las fracciones del PC armado. No era raro verlos juntos en el Campus Oriente y estudiar en alguna de sus respectivas casas”.
Sin más el muy avispado pertenecía a una célula clandestina izquierdista.
Claramente, esa es la forma más cruel de la militancia marxista-gramsciana, hacer "creer que eres lo que no eres". Son los peores, especialmente cuando estas personas pueden construir una imagen una carrera profesional exitosa en la que muchos le dan créditos, Izquierdistas y derechistas, especialmente los de Chile Vamos.
¿Qué es ser un gramsciano?
Ser un gramsciano significa seguir las ideas de Antonio Gramsci, un pensador italiano que influyó mucho en la teoría marxista. En esencia, un gramsciano se enfoca en:
- La lucha cultural y educativa como forma de ganar influencia y poder.
- La importancia de la hegemonía cultural, es decir, cómo las ideas y valores dominantes moldean la sociedad.
- La necesidad de construir un consenso y una narrativa que apoye los cambios sociales.
- La acción política a través de la sociedad civil, más que solo a través del Estado.
Gramsci creía que para lograr un cambio social profundo, hay que cambiar la forma en que la gente piensa y entiende el mundo.
Y este enfoque es relevante cuando conocemos que Peña para los desafíos políticos y sociales actuales se presenta solamente como un abstracto pensador.
El historiador Alfredo Jocelyn-Holt, quien lo conoció en 1979, señala que “en esos años Peña era marxista y parece bastante extraño que no haya militado. Este hecho se contradice totalmente con posturas intelectuales posteriores”. Entre 1977 y 1981, asegura la publicación, uno de sus mejores amigos en la PUC “era un militante clandestino que pertenecía a una de las fracciones del PC armado. No era raro verlos juntos en el Campus Oriente y estudiar en alguna de sus respectivas casas”.
Sin más el muy avispado pertenecía a una célula clandestina izquierdista.
Claramente, esa es la forma más cruel de la militancia marxista-gramsciana, hacer "creer que eres lo que no eres". Son los peores, especialmente cuando estas personas pueden construir una imagen una carrera profesional exitosa en la que muchos le dan créditos, Izquierdistas y derechistas, especialmente los de Chile Vamos.
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